Escribiendo en mi cama, tumbado y llorando, recordando tus abrazos.
Que le hago si no paro de pensar cuando te tenía, ese olor que florecía y decía quiero convertirme en tu poesía.
No le hago nada solo tengo miedo, miedo de hablar, de amar y volver a mirarte.
No le hago nada si eres como la droga, algo dificíl de desengancharse, un espécimen incomparable.
Es tan bello y tan triste recordar ese sitio.
Ese sitio, aquel sitio en el que a veces paso y me siento para recordar tu calor a mi lado en pleno invierno, que me decía no dejes de abrazarme y planeaba nuestro futuro.
Y ya pues solo escribo esto porque ya no hay nada, un vacío en el estómago sin mariposas.
Y que toda la culpa fué mía, te quise tanto que te perdí tan solo eras querido.
Y que toda la culpa fué mía, te quise tanto a mi lado que no encontraba mis sentidos.
Mi corazón no tenía dueño pero solo era convicción, fruto de un ser incapaz de saber que no podría vivir sin su cariño.
Era para siempre, es para nunca. Amigos decíamos, infelices somos.
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