Pensando me dí cuenta de que mejor era distraerme, cuando en apenas segundos me venía la imagen de tu cara descompuesta mirando tímidamente para el suelo.
Ese chico que temblaba, su cigarro encendido, la mirada perdida.
Tan solo eran detalles que hacían asustarme en cada mirada, cada mirada ardiente y asustada.
Tú me rechazabas, tenías miedo de que lágrimas cayeran por tí, aún más por la sinceridad, por esa querida cualidad de la que ya no podías escapar.
Comprendí que no era tu camino, que no era mi destino, pero yo tan sumamente ciego no me perdonaba no verte sonreír el resto de mi vida y menos todavía no besarte por última vez.
Después descubrí que tú me mirabas como si nada y yo como si todo, que los días y las palabras se iban a contracorriente.
Mi cabeza estallaba, tu corazón me ignoraba, era como aquella cancion dónde uno amaba y el otro se dejaba amar, cuándo solo aceptaba el amor que creía merecer.
Mil dudas, mil inseguridad y una hoja llena de respuestas que andaba buscando.
Pero...¿sabes que? Mi corona está en mi corazón y no en mi cabeza, y si algo tengo claro esque fuistes mi gran Ilusión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario